Relaciones de Pareja y Romance

 

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martes 28 de octubre de 2008

¿Amar demasiado puede ser enfermizo?

Escrito por Dra. Tibisay Olivero

domingo, 26 de octubre de 2008

Amar demasiado conlleva a la codependencia y la codependencia es una condición específica que se caracteriza por una preocupación y una dependencia excesiva (emocional, social y a veces física), de una persona, lugar u objeto.

Eventualmente el depender tanto de otra persona se convierte en una condición patológica (enfermiza) que afecta al codependiente en sus relaciones con la pareja y todas las demás personas. La codependencia puede ser definida como una enfermedad, cuya característica principal es la falta de identidad propia.

El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Si es dulce y agradable aunque no lo sienta, es porque busca aceptación. Cree que su valor como persona depende de la opinión de los demás.

Da más importancia a los demás que a sí mismo. Se crea un yo falso, pues en realidad no está conciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás. Se avergüenza por lo que hacen otras personas y toma las cosas de una manera personal. Invierte una enorme cantidad de energía en mantener una imagen o un estatus para impresionar porque su autoestima es muy baja, ya que depende del valor que los demás le otorgan.

Ahora bien en nuestra cultura se otorga un viso romántico al sufrimiento por amor y la adicción a una relación.

Desde las canciones populares (boleros) hasta la ópera, desde la literatura clásica hasta los romances históricos, desde las telenovelas diarias hasta los filmes y obras de teatro aclamadas por la crítica, estamos rodeados por innumerables ejemplos de relaciones inmaduras e insatisfactorias que se ven glorificadas y ensalzadas por la sociocultural; mientras más dolorosa sea la trama y con más injusticia más rating del espacio, porque sufrir se considera parte de la sobrevivencia y amar demasiado es un componente de esta manera de vivir.

El amar demasiado no significa amar a muchas personas ni enamorarse con demasiada frecuencia ni sentir un cariño muy profundo por esa persona, sino obsesionarse por ese hombre o esa mujer de tal manera que esta "obsesión" controle las emociones y las conductas, ejerciendo una influencia negativa sobre la salud y el bienestar", convirtiendo la relación en una adicción muchas veces incontrolable y dañina a la pareja y a su contexto familiar.

http://elnuevodia.com.ve

 

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miércoles 15 de octubre de 2008

Ese Tormento llamado Celos

Juego pícaro para atraer la atención de quien amamos, baja pasión, dolencia, flagelo, y hasta muerte, los celos dan para tanto.



Son tan perturbadores que hasta hay quienes plantean la posibilidad de extirparlos quirúrgicamente. Solución para casos gravísimos, claro está.

Esta pasión extrema, la de los celos, es la que el escritor Roberto Ampuero explora y nos pone ante los ojos con su novísima obra Los amantes de Estocolmo (Editorial Planeta). Como él mismo relata, desde su casa en Iowa, EE.UU.,“La novela arranca con algo que quizás muchos han experimentado como realidad o simple especulación: encontrar entre las pertenencias de la pareja un objeto que parezca prueba evidente de la infidelidad”.

Ampuero, quien se reconoce celoso, pero no de celos enfermizos, agrega: “Creo que nadie está libre de los celos. Como diría Rubén Darío: ¿Quién que ama no es celoso?”.

No es un sentimiento cómodo. Porque los celos mortifican. O, por lo menos, incomodan. Y a veces hasta matan. Tanto que ya se creó una institución para combatirlos: la Asociación Lucha Contra los Celos y que en el 2001 fue reconocida por el Ministerio del Interior de España. Es la primera en su tipo y sus objetivos revelan cuán profundos pueden ser los alcances de lo que llaman “celos malos”. Entre otros fines, se plantea pedir a los organismos competentes que dejen constancia indiscutible de su condición de enfermedad; reclamar la investigación de terapias eficaces para combatirlos y defender la hipótesis que establece a los celos como principal causa de malos tratos domésticos.

Es algo demasiado frecuente. Basta escudriñar los diarios. El 17 de octubre nos informaron sobre una mujer temporera de Chimbarongo, rescatada desde su casa por Carabineros: el marido la mantenía bajo llave, temeroso de que ella pudiera llegar a serle infiel. La mujer, de 25 años, permaneció meses recluida en una habitación de ocho metros cuadrados, con su bebé que hoy tiene ocho meses, al que sólo podía alimentar con leche materna.

Tan tormentosos pueden llegar a ser los celos, que la ciencia ya ha comenzado a dar soluciones. Se trata de la capsulotomía, una operación que consiste en cauterizar quirúrgicamente una zona del cerebro, mediante la cual se pueden tratar diversas obsesiones, como la anorexia, la drogadicción y también algunos casos de celotipias. Aunque es una intervención breve, resulta muy compleja y delicada, razón por la que está sujeta a una norma ética muy estricta, que la restringe sólo a casos de extrema gravedad. Son contados los equipos médicos que la realizan en el mundo. Uno de ellos es chileno, trabaja en la Clínica Dávila y está encabezado por el doctor Renzo Zamboni.

Los orígenes de los celos se remontarían a un millón de años atrás, cuando hombres y mujeres debían permanecer al acecho de sus conquistas para evitar que otro u otra ocupara su lugar. Es la tesis de los sicólogos evolucionistas, quienes explican el surgimiento de esta emoción a través de la teoría darwiniana: ellas temían que los hombres, que eran cazadores y, por lo tanto, proveedores, pusieran los ojos en otra, porque eso podía significar inmediatamente la pérdida de la comida necesaria para alimentar a los hijos. Ellos, por su parte, vigilaban que las mujeres no se fijaran en otros varones, pues la pierna de mastodonte que habían conseguido podía terminar alimentando a hijos ajenos. Desde entonces los cerebros humanos se habrían programado para reaccionar ante ciertas amenazas, experimentadas como un riesgo de pérdida dentro de la pareja y habría surgido esa emoción que llamamos celo.

La interpretación es respaldada por estudios del doctor David M. Buss, psicólogo de la Universidad de Texas, según una investigación realizada por el New York Times. A juicio de Buss, “hombres y mujeres sienten celos por igual, pero las razones que los desencadenan son distintas”. Ellas los sufren por razones emocionales y ellos por miedo a la infidelidad sexual. Pero una nueva interpretación, encabezada por psicólogos de las universidades norteamericana de North Western y Yale echa por tierra esta hipótesis, postulando que la posibilidad de una infidelidad sexual es el fantasma que hace surgir con más fuerza los celos en todas las personas, independientemente de su condición sexual.

La mayoría de los especialistas postulan que sentir celos en cierto nivel es normal y hasta útil para fortalecer la unión de una pareja, pues la misma palabra celo remite a algo que se cuida con preocupación.

El psicólogo Giorgio Agostini no piensa igual. Para él los celos, aunque correspondan a una reacción muy frecuente y puedan catalogarse como naturales y normales, nunca son sanos, pues siempre están denotando algún temor de las personas y por esto hay que intentar superarlos. “Forman parte de la naturaleza humana, persiguen la retención del afecto y surgen de manera natural ante el temor de perder ese afecto”, especifica. Pero son pocos los que reconocen el problema y sólo alrededor del 20 % de las personas consulta a los psicólogos por esta causa.

Entre los distintos tipos de celos, Agostini destaca los posesivos y que van desde el niño que sufre por la llegada de un nuevo hermano -pues siente que la mamá ya no va a ser más de él- hasta personas que creen que su mujer o el marido es de su propiedad y se ponen celosos incluso de las actividades que los distraen, como el simple partido de fútbol dominical y rivalizan con todo lo que sienten que les está quitando el tiempo para compartir con la pareja.

En otro nivel sitúa los celos de personas inseguras, que tienen una mala imagen de sí mismos, se sienten desvalorizadas y no creen en su capacidad de retención de la relación de pareja, muchas veces producto de un desarrollo en su infancia en la que no fue estimulada la autoestima. También hay celos de personas con muchas fantasías o que han tenido varias aventuras amorosas, y todo aquello lo proyectan gratuitamente, achacándoselo a la pareja. Finalmente, están las celotipias que se dan en personalidades muy anormales, con locuras, donde hay alteraciones de la realidad.

“Decir que si no hay celos no hay amor es absolutamente cultural. En una relación de pareja sana no hay celos, porque hay confianza y, por lo tanto, se le cree al otro y no se duda acerca de dónde está o qué está haciendo. Los celos siempre surgen por inseguridades. De la misma manera que siempre que hay celos, salvo que haya motivos reales, es por falta de comunicación afectiva. Hay que hacer sentir al otro que es el mejor y si uno tiene a la mejor persona al lado, no se la cambia por nada”, remata el psicólogo.

14 de octubre de 2008 (Mujer·Com)

http://www.derf.com.ar/

 

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lunes 13 de octubre de 2008

Y ¿vivieron felices para siempre?


El problema no radica en si la vida nupcial conviene o no, sino en la manera en que se asume: como dos individuos que se unen o como dos "medias naranjas" que buscan complementarse a través del otro. En vez de sacrificar proyectos y gustos, hombre y mujer deben aprender diariamente a comunicarse y compartir sin interferir en la privacidad del cónyuge


Los grandes desencantos y problemas en el matrimonio suelen tener un denominador común: esperar que el compañero (a) sea quien supla las deficiencias emocionales, de seguridad y proyectos de vida propios, cosa que no sucede. No es nada nuevo, pero sigue siendo común escuchar frases como "creí que me haría feliz y que gracias a él (ella) iba a superar mi miedo a la soledad", luego de una discusión o un rompimiento.

Esto ocurre porque los seres humanos contamos con un ideal de pareja que tratamos de moldear en otras personas, hasta encontrar a alguien con quien haya más o menos coincidencia; de este modo, cuando Cupido da el flechazo corremos el riesgo de depositar demasiadas expectativas en nuestra pareja que, al no cumplirse conforme avanza la relación, generan insatisfacción y conflicto.

Primero, con uno mismo, luego con la pareja

Algo que ayuda a prevenir o manejar situaciones conflictivas en la pareja es desarrollar la capacidad de observarse a uno mismo, pues aunque no siempre es agradable aceptar las propias fortalezas y debilidades, es muy útil para no culpar al otro de lo que no le compete. Además, cuando existe claridad sobre uno mismo es más fácil pedir ayuda para iniciar alguna terapia en pareja o solucionar problemas típicos, como:

  • Deficiencias en la comunicación, que se encuentran condicionadas por diferencias de estilos, cultura, género u otros factores.
  • De memoria, pues aunque muchas discusiones se centran en hechos o frases del pasado, debe reconocerse que en ocasiones los recuerdos fallan.
  • Falta de reciprocidad, que se da cuando olvidamos lo importante que es contar con la disposición de oír, no sólo de ser escuchado.

Enfrentar el enojo

Durante un conflicto, hombre y mujer suelen enojarse y ponerse tensos, volviéndose ciegos y sordos. Ya que esto impide percibir enfoques positivos de la relación, debe tenerse madurez para asumir que en toda pareja existen malentendidos que pueden provocar ira y resentimiento; lo mejor es serenarse y buscar una solución común.

Cuando hostilidad y mal humor se hacen presentes, es válido ignorar el enojo del otro, pero avisándole a la pareja que su enfado va a ser ignorado, sin reprochar y hablando siempre desde uno mismo de manera clara: no hay que tener miedo de decir "no me agrada tu conducta". Si el problema no es trascendente, puede cambiarse el tema de conversación por algo mutuamente placentero, incluso invitar al otro a hacer algo gratificante para ambos.

Si el problema es más fuerte, es preciso marcar un límite, siempre manifestando la inconformidad pero evitando las reprobaciones. Es prudente otorgar al otro el tiempo necesario para que recapitule sobre lo ocurrido y, en contraparte, debe asumirse con madurez el que la pareja actúe de igual modo en caso de que uno mismo sea quien se enfureció.

En un momento de hostilidad todavía más intenso, se recomienda:

  • Pensar desde uno mismo y tomarse un "tiempo muerto" para recomponerse, no para ver si el otro se calma.
  • Si decide alejarse, informar a la pareja dónde va a estar y cuánto tiempo tardará en regresar.
  • Hacer clara la disponibilidad para hablar del tema.
  • Es importante no culparse ni culpar al otro por los problemas. Las acusaciones raramente ayudan a encontrar la verdad.

Reciprocidad para entenderse mejor

Además de cualidades como compromiso, lealtad y respeto mutuo, se necesita que en la pareja exista reciprocidad en relación con la tolerancia a los defectos del otro, así como disposición a adaptarse a circunstancias adversas, no la obtención de "afecto" por la fuerza, a través de chantajes, amenazas y exigencias.

Por esto, es importante sensibilizarse a los comentarios agradables y halagos que hace el cónyuge, muchas veces ignorados en medio de la rutina, ya que son importantes para aumentar el conocimiento y conciencia de que la pareja realmente se aprecia. Posiblemente ambos dejaron de realizar aquellos detalles que gratifican al otro sin darse cuenta.

Un truco para salvar este problema: cada integrante de la pareja puede llevar un registro de todas aquellas actividades o detalles que el otro ha realizado y que le han sido especialmente valiosos; cada dos días, intercambiarán sus anotaciones para constatar cuáles son las actividades más gratificantes.

Expectativas insatisfechas

Las expectativas juegan un papel fundamental en el matrimonio y, de manera general, podemos decir que se crean a lo largo de la vida, particularmente a partir de la influencia de la familia de origen, de relaciones anteriores y de cultura. Aunque pueden funcionar como motor de conexión e intimidad nupcial, son también fuentes de frustración si no han sido satisfechas.

A continuación tres pasos simples para evitar enfrentamientos por este motivo:

  • Saber qué es lo que se desea de la pareja.
  • Tener en cuenta las expectativas personales, que deben ser razonables y realistas.
  • Ser claro al expresar lo que se espera del otro.

Muchas veces se da por sentado que uno u otro individuo debe entender lo que su "media naranja" siente, por lo que para muchos llega a ser molesto dar explicaciones. Es frecuente escuchar que cuando se tienen que pedir y dar aclaraciones es porque "algo anda mal en la relación", pero ¡cuidado!, es una trampa ocasionada por idealización, ya que solemos pensar que una buena pareja "se comunica sin palabras" y se entiende "como si se conociera de toda la vida". La verdad es que no se puede confiar en la adivinación del pensamiento, por lo que es mejor hablar abiertamente de temas fundamentales, sobre todo si una relación de noviazgo tiende a formalizarse.

Por ello, considere los siguientes temas:

  • ¿Cuánto durará su relación?
  • ¿Quieren tener hijos?, ¿cuántos?, ¿deben relegar su carrera profesional?
  • Frecuencia de sus relaciones, hábitos y tabúes referentes al sexo.
  • ¿Qué significa la lealtad para cada uno?
  • ¿Piensan encarar la vida cómo un equipo o como individualidades distintas?
  • Creencias religiosas.
  • ¿Cuántas horas al día pasarán juntos?, ¿con la familia, amigos o solos?


Guerra contra la rutina

La vida en compañía de otra persona provoca que se adquieran hábitos, los cuales son útiles cuando ayudan a la convivencia, pero se vuelven una carga cuando se transforman en rutina. Si la mancuerna amorosa empieza a creer que ya no hay nada nuevo en el horizonte, puede tomar en cuenta lo siguiente:

  • Nunca dar por segura la relación. Es más sano mantener una actitud de conquista y seducción diaria.
  • Compartir emociones y sentimientos, y hablar acerca de ellos.
  • Hacer concesiones y negociar cuando surjan diferencias.
  • Nunca dejar que los malentendidos se acumulen.
  • Escuchar con atención los reclamos de manera abierta y comprensiva, evitando una reacción defensiva y procurando el diálogo.
  • Buscar la satisfacción de necesidades propias, así como mantener un espacio personal: aficiones y amistades individuales. Cuanto mejor se está con uno mismo, mejor podrá estar con los demás.
  • En correspondencia, respetar la intimidad de su pareja.
  • Cuidar la privacidad de la pareja (procurar en ocasiones viajar solos, sin hijos, ni amigos).


¿Existe la pareja ideal?

Para lograr una relación estable y plena es necesario que hayan coincidencias básicas sobre el modo que se entiende la vida, por ello cada uno de los integrantes del dúo amoroso debe tener cierta claridad sobre quién es, metas individuales en distintas áreas de la vida, sueños e intereses propios, así como la seguridad de poder responder por sí mismo ante las dificultades que se presenten, no sólo en el terreno económico, sino también en el emocional.

http://www.info7.com.mx/

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¡Creo que me es infiel!

PAOLA BERNAL LEÓN

Las sospechas están latentes, algunas, producto de la imaginación. Otras con evidencias como marcas de labial, incluso llamadas telefónicas.

Es tan grande su tormento que la mujer decide un día cualquiera levantarse temprano, buscar unas gafas oscuras y hasta binoculares para seguir a su pareja.

En su papel de incógnito se da a la tarea de seguir el vehículo, incluso esperar largas horas a pocas cuadras de distancia.

Hasta no encontrar las evidencias no descansará. Si es necesario llevará cámara fotográfica para tener las pruebas suficientes y lograr el divorcio.

Casos así no son ajenos a la realidad, pues muchas parejas deciden acudir a la persecución para comprobar la lealtad o traición de sus esposos.

Algunas, más ocupadas, dejan todo en manos de un detective privado de alguna empresa de seguridad.

Pero, ¿cuándo esas armas se devuelven en contra suya?

¿Qué tan perjudicial resulta este tipo de situaciones para su salud física, mental y hasta judicial?

Preguntas y respuestas

María Andrea Arana / Psicóloga

¿Qué tan perjudicial resulta este tipo de situaciones de persecución de la pareja?

“En ningún caso es sano que en las relaciones se utilicen este tipo de mecanismos para asegurar la confianza, porque las relaciones interpersonales se basan en la confianza y seguridad que se tiene. Lo primero es tener claro que no puedo confiar en mi pareja si no tengo seguridad en mí mismo, en lo que soy, en lo que puedo desarrollar. Con este tipo de actuaciones estoy proyectando mi inseguridad en la otra persona”.

¿Cómo lograr el diálogo y la confianza necesaria para hablar de una infidelidad en pareja?

“Es bastante difícil hablar de una infidelidad abiertamente con la pareja, escuchar que le fue infiel. Lo primero o más sano es que la persona se tome su tiempo para que no tome decisiones apresuradas, porque en ese momento le duele el ego y empieza a compararse, a preguntarse por qué fue reemplazada(o).

La manera no es salir corriendo apresuradamente sino tomarse un tiempo prudente para valorar la relación, controlar las emociones, y después de haber evaluado ese dolor y sentirse fuerte buscar un diálogo encaminado a objetivos muy claros y no a seguir buscando explicaciones”.

¿Se puede perdonar una infidelidad?

“Es muy personal. La capacidad de perdonar está en los seres humanos, porque amar y odiar son sentimientos primarios, sólo que algunas personas tienen más capacidad de aceptar y de reparar. Al aceptar las causas que suscitaron ese hecho llega el perdón, cuando la persona no está a la defensiva ni le echa en cara lo que pasó o tiene un deseo de venganza. El perdón está muy relacionado a la madurez, a la capacidad de entender las causas y el entorno, a arrancar de cero”.

Con detective privado a bordo

Las sospechas comenzaron. Su esposo no llegaba a la hora habitual, empezaron los compromisos laborales después de horarios de oficina, incluso aparecían más almuerzos programados en su agenda.

El cambio de comportamiento también era evidente. Tanto así que su esposa decidió recurrir a una agencia de seguridad y contratar un detective.

Ya no podía más con la idea de ‘una amante’.

El detective se encargó de seguir a aquel ejecutivo pero no encontró evidencias. Tan solo almuerzos con más hombres, citas con más hombres. Ese fue el primer balance entregado por el informante a la esposa inquieta.

Pero al poco tiempo del seguimiento, ella recibió una llamada en la que el detective le confirmaba que su esposo había ingresado a un motel.

Lo que no se imaginó nunca la esposa era que contrario a lo que ella pensaba, la amante no era una mujer sino otro hombre.

Casos así pueden resultar siendo un tormento para las parejas.

Pero más allá de los resultados de ese espionaje, qué puede ocurrir legalmente.

Según explicó el Coordinador de la Especialización de Derecho Procesal Penal de la Universidad Cooperativa de Colombia, Omar Eduardo Gil, “el problema nace cuando se da cuenta la persona de que la están siguiendo. Ella o él por efecto puede acudir a una acción de tutela pero más inmediato a la Policía Nacional.

Todas las personas tienen derecho a su intimidad y nadie puede ser molestado dice la Constitución Nacional, salvo una orden judicial. Este tipo de seguimientos son tentatorios de un derecho fundamental”, explicó el profesional.

La Policía realiza una caución para que se detenga a la persona y se le diga qué está buscando.

Con el mecanismo de Acción de Tutela, por orden judicial, se le exige a la persona que deje de seguir.

Preguntas y respuestas

Ana Montañez de Gómez / Psicóloga clínica Esp. Terapia de pareja Un. Los Andes

¿Después de una infidelidad cómo volver a creer?

“Es importante resaltar que no es lo mismo un caso aislado de infidelidad a una conducta o patrón permanente (a veces correspondiendo a un trastorno de personalidad).

Cuando es una situación que se da aisladamente, donde se pueden rescatar muchos valores de la otra persona o pareja, es más fácil que se pueda lograr esto, pero la condición es de actitud de los dos implicados: “el infiel” y el “ofendido”. Ambos hacen parte de la solución al conflicto. Es recomendable que la pareja solicite ayuda a un experto, cuando sienten que por ellos mismos no encuentran el camino para recuperar la confianza”.

¿Qué tan perjudicial resulta contratar un detective?¿Por qué se llega a esos extremos?

Para llegar a este extremo de contratar un detective privado, tiene que analizarse el proceso que llevó a la persona a tomar esta decisión. Se trata de una celotipia que la lleva a querer encontrar lo imaginado por un conflicto interno de temor al abandono, con características de un trastorno obsesivo compulsivo. Se trata de evidenciar con pruebas la certeza de una infidelidad negada reiteradamente por su pareja. También para lograr romper una relación afectiva, que ya estaba rota hace mucho tiempo. Tener pruebas contundentes para afrontar ante las familias y la sociedad el motivo de una separación donde el otro es el culpable y “yo” soy la víctima. Lo hacen para desdibujar ante los hijos la imagen del otro padre generando alianzas con los hijos en contra del otro, del “malo”.

http://www.vanguardia.com/

 

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martes 7 de octubre de 2008

La intimidad personal en la pareja


Cada pareja es una triada: él, ella y nosotros.

Uno de los grandes mitos en torno al amor sostiene que en el amor verdadero todo se comparte. Él ha de contarle todo a ella, y ella ha de contarle todo a él. No debe haber secretos entre ellos, porque los ocultamientos o las verdades a medias tienen el desagradable aroma de la traición, la deslealtad o la culpa.

Claro está que no nos referimos a situaciones que en muchos casos no se comparten pero no habría problema en compartirlas, como el trabajo, las alegrías o los pesares. Nos referimos a aquello que es prácticamente imposible compartir por formar parte de la la más absoluta intimidad de cada uno.

Una cosa es la intimidad de la pareja, importante y deseable, y otra cosa la intimidad personal de cada uno de los cónyuges, a mi juicio igualmente importante y deseable o, cuanto menos, inevitable.

¿Hay algún secreto inconfesable que jamás contarías a tu pareja? ¿Hay algo que nunca quisieras que tu pareja te contase sobre ella? Si contestás afirmativamente, estarás reconociendo que además de la intimidad compartida hay una intimidad personal intocable, una infranqueable barrera que el otro no puede atravesar. Si contestás negativamente, es probable que estés conformando con el otro/a una pareja simbiótica donde los límites entre uno y otro están borrados, y donde el yo no existe: sólo el nosotros. Este tipo de relación idealizada llega a veces a ser tan asfixiante que la pareja decide juiciosamente una separación temporaria para experimentar la soledad con uno mismo y darse tiempo a pensar si uno es uno o es nosotros, o para intentar comprender aquella gran verdad según la cual toda pareja está compuesta por tres cosas: él, ella y el nosotros.

Tomemos cuatro ejemplos concretos.

1) El correo electrónico.- Hay parejas donde cada una tiene su propio correo electrónico y ni piensan en comunicarle las respectivas contraseñas al otro a pesar de haberse prometido en un rapto de pasión y romance compartirlo todo en esta vida. Conozco otras parejas con un único e-mail que ambos utilizan indistintamente. Otras emplean ambas alternativas: un correo para él, un correo para ella y un correo compartido. Y si le preguntamos porqué, quizás desconozcan algunas razones, pero otras sí. Por ejemplo, porque alguno no quiere dar a conocer algún amor escondido o, más sencillamente, porque la pareja no quiere que el otro/a, muy celoso, interprete equivocadamente un saludo del tipo "te mando un abrazo" proveniente de algún amigo/a sospechoso, y que esto se transforme otro motivo más de pelea estéril. También pueden alegar que ellos tienen ciertas intimidades con un amigo o familiar que no tienen interés en compartir con la pareja.

2) Las fantasías.- Se comparten fácilmente fantasías sobre viajes que realizarán, hijos que van a tener y demás proyectos de familia, pero muchas parejas no están dispuestas a revelar al otro que fantaseó con otra persona en la cama. Pocas parejas se atreven a preguntarle al otro ¿Qué preferís, estar conmigo pensando en otro o estar con otro pensando en mí? Estas cuestiones son delicadas porque dependen de cada persona, de su cultura y de su educación. Podría muy bien ocurrir que una pareja jamás revelara fantasías sexuales personales que orillasen la infidelidad y sin embargo llevarse bien, pero otras, en cambio, tienen el privilegio de darse libertad para contarse mutuamente esas fantasías sin que ello menoscabe el amor que se tienen, y inclusive de realizarlas incorporando a sus actividades sexuales a otras personas.

3) Las necesidades fisiológicas.- Las parejas comparten el ingreso de la comida, pero no todas comparten su egreso, y hasta cierran la puerta del baño con llave. Hay aquí un ejemplo de mantenimiento de intimidades personales que en nada llegan a afectar la felicidad de la pareja.

4) El momento de morir.- Creo que el momento de morir es un acto absolutamente personal porque no puede compartirse con nadie, incluso si los amantes deben morir juntos en un naufragio o en un suicidio concertado. En el momento de morir ocurre una despedida final, el último contacto compartido. Después de ello, él o ella cerrarán los ojos y a partir de allí estarán absolutamente solos enfrentados a su destino. Eso también forma parte de una intimidad personal totalmente intransferible. ¿O quizás no sea así, y uno pueda morir mirando la imagen de su amada y después... la nada? Lamentablemente no podemos preguntarle esto a los muertos.

En suma, las intimidades personales, lo que no se comparte, no necesariamente atentan contra la felicidad de la pareja, e incluso puede llegar a enriquecer la relación, todo lo cual es un gran tema para investigar.

Esta es mi opinión, pero nadie tiene toda la verdad, de manera que invito a todos a dar su parecer sobre esta cuestión que seguramente habrá de despertar encendidas polémicas. En el fondo, ellas nos ayudarán a entendernos a nosotros mismos, a nuestra pareja y a nuestra relación.

Pablo Cazau. Marzo 2008.




Enviado por Graciela E. Prepelitchi

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