Relaciones de Pareja y Romance ***

 

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viernes 2 de abril de 2010

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domingo 21 de marzo de 2010

Sanar los matrimonios de problemas de control y confianza


Entrevista con el psiquiatra católico Richard Fitzgibbons

WEST CONSHOHOCKEN, domingo 7 de febrero de 2010 (ZENIT.org). – Muchos matrimonios y familias de hoy se ven afectados por problemas de control y confianza, afirma Richard Fitzgibbons, pero gracias a los sacramentos y a la práctica de la virtud estos problemas pueden superarse.

Este ha sido el tema de un reciente encuentro en web de una serie patrocinada por el Institute for Marital Healing, que ofrece recursos para parejas, consejeros y clero sobre temas de paternidad, edad adulta, vida familiar y matrimonio.

Fitzgibbons, director del instituto, ha trabajado con miles de parejas y ha hablado y escrito extensamente sobre estos temas. En el 2008, fue nombrado también consultor de la Congregación del Clero de la Santa Sede.

En esta entrevista con ZENIT, Fitzgibbons habla sobre las causas modernas de los problemas de confianza, la distinción entre ser fuerte y ser controlador, y las virtudes particulares que proporcionan un antídoto a estos problemas.

- Usted menciona que la sección más popular de su página web es la dedicada al esposo o esposa o al familiar controlador. ¿Por qué cree usted que hay tanto interés en este tema?

Fitzgibbons: Contábamos con que el capítulos visitado con más frecuencia fuera la de la esposa o familiar enfadado y, al inicio, nos sorprendimos por la respuesta del capítulo del esposo o esposa controlador.

Tras pensar y rezar sobre este interés, llegué a una comprensión más profunda de los graves factores personales y culturales que están contribuyendo a una tendencia a dominar o a no confiar en los demás, algo que da como resultado la necesidad de controlar.

-¿Podría describir brevemente las características de una persona controladora?

Fitzgibbons: La peor debilidad de carácter en una persona que cae en la tendencia a controlar, y todos nosotros podemos caer en ocasiones, es tratar al esposo o a la esposa, que es un gran don de Dios, con falta de respeto.

La persona controladora se vuelca hacia sí misma y de tal forma que no puede ver la bondad de su esposo o esposa.

La otra gran debilidad es dejarse llevar con rapidez y en exceso por la cólera. Los esposos y familiares controladores son también irritables y suelen estar tristes porque, de hecho, no es posible controlar a nadie dado que tenemos una dignidad y un vigor como hijos de Dios.

Finalmente, las tendencias controladoras dañan la entrega sana y cariñosa en el matrimonio y refuerzan el egoísmo, una de las principales causas de los comportamientos controladores.

-¿Qué daño pueden causar los esposos o familiares controladores?

Fitzgibbons: Los comportamientos controladores dañan la amistad matrimonial, el amor romántico y amor prometido, tres áreas esenciales de la entrega matrimonial que Juan Pablo II describe en “Amor y Responsabilidad”.

La falta de respeto lleva al otro esposo a sentirse triste, enfadado, desconfiado e inseguro. A no ser que este conflicto se trate de modo adecuado y correcto, pueden desarrollarse graves conflictos, incluyendo la depresión, problemas de ansiedad, abusos graves, infidelidad, y separación y divorcio.

-En nuestra rápida sociedad, en que se exige a la gente que controle y domine tantos aspectos de sus vidas – economía, salud, trabajo, familia, etc. -, ¿una naturaleza controladora no es más una ventaja, incluso una necesidad para sobrevivir? ¿Ve usted algo positivo en este tipo de personalidad?

Fitzgibbons: Sí, la confianza y el vigor son rasgos sanos en la personalidad que nos permiten responder a tantos desafíos en el gran sacramento del matrimonio y en la vida familiar.

Sin embargo, es necesario el crecimiento diario en las virtudes de manera que un esposo no puede cruzar la línea porque tenga estas cualidades y convertirse así en controlador.

Las virtudes que son esenciales para equilibrar el don de la fortaleza son la amabilidad, la humildad, la mansedumbre, el autocontrol y la fe.

Una de las metas del matrimonio es la fortaleza y la confianza, pero no el control. Animo a muchos maridos fuertes a rezar a san Pedro para que les proteja para que no sean líderes controladores de su hogar.

-Usted indica que, en el corazón de una personalidad controladora, suele haber problemas de confianza. ¿Podría ampliar esto?

Fitzgibbons: Una importante causa de la tendencia a controlar o dominar es el haber dañado en la niñez la capacidad de una persona para confiar o sentirse seguro.

Después, los esposos pueden dejarse llevar de manera inconsciente por el miedo hasta una forma de actuar controladora, es decir, sólo se sienten seguros cuando tienen el control, algo que por supuesto nunca tendrán. En el pasado los conflictos de la infancia comunes eran alcoholismo, los enfrentamientos entre los padres y la experiencia de un progenitor controlador.

Las causas más recientes de graves daños a la confianza durante la infancia son la cultura del divorcio, la guardería, y la epidemia de egoísmo en los padres debida en gran parte a una mentalidad anticonceptiva. Además, los hombres inseguros asumen comportamientos controladores en un intento de alentar su confianza masculina. En los adultos jóvenes la cultura de las relaciones diversas también dañar gravemente su capacidad de confiar sin que se den cuenta.

Finalmente, en el Catecismo de la Iglesia Católica se describe un factor espiritual importante que no debería pasarse por alto: “Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura” (No. 1606).

-¿Cómo puede una persona comenzar a afrontar estos temas, y cambiar su naturaleza controladora? ¿Cómo puede alguien ayudar a alguien a quien se ama y que puede ser controlador?

Fitzgibbons: El primer paso es la necesidad de destapar esta grave debilidad matrimonial.

Si los esposos confiasen en Dios más en sus matrimonios, no temerían enfrentarse a esta dificultad y pedir cambiar.

El necesario cambio puede tener lugar por un compromiso para crecer en confianza en Dios y en la propia esposa o esposo, por un proceso de perdón hacia quienes, en la infancia, dañaron la confianza, por una decisión para parar los repetidos comportamientos controladores de un padre, por la meditación regular sobre el hecho de que Dios lleva el control, y por el crecimiento en numerosas virtudes entre las que se incluyen el respeto, la fe, la amabilidad, la humildad, la magnanimidad y el amor.

El papel de la fe puede ser muy eficaz para afrontar esta grave debilidad de carácter. Hemos visto notables mejoras en la lucha contra esta dañina debilidad de carácter a través de la gracia en el sacramento de la reconciliación. Animamos a las parejas católicas controladoras a buscar la cura en este poderoso sacramento.

Además, las esposas controladoras se pueden beneficiar de profundizar en su relación con Nuestra Señora, de volverse hacia ella como modelo y adquiriendo sus virtudes descritas por San Luis de Monfort en “La Verdadera Devoción a la Bienaventurada Virgen”.

A los maridos controladores les beneficiará el meditar sobre san José y pedirle que les ayude a ser amables, protectores, sensibles, líderes entregados y alegres en sus matrimonios y familias.

-Como psiquiatra, ¿cuándo sugeriría que se busque ayuda externa, de un sacerdote o consejero, para curar las heridas emocionales de una persona?

Fitzgibbons: Recomiendo ir a un sacerdote antes de ir a un consejero porque demasiados profesionales de la salud mental apoyan la actual cultura de egoísmo.

Brad Wilcox, un joven sociólogo católico de la Universidad de Virginia, ha escrito sobre la influencia del campo de la salud mental en el matrimonio: “El centrarse la revolución psicológica en la realización individual y en el crecimiento personal ha dado como resultado que el matrimonio sea visto como un vehículo para una ética orientada hacia uno mismo, una ética del romance, la intimidad y la realización”.

“En esta nueva postura psicológica hacia la vida matrimonial, la obligación primaria de uno no es hacia la propia familia sino hacia uno mismo; de ahí que el éxito matrimonial se haya definido no como el cumplir con éxito las obligaciones hacia la esposa o esposo y hacia los hijos sino como una sensación fuerte de alegría subjetiva en el matrimonio – que se encontraría en y a través de una relación intensa y emocional con la esposa o el esposo”.

Creemos que un compromiso sincero de cada uno de los esposos por crecer en el conocimiento de sí mimos y en las virtudes puede resolver el conflicto de un esposo controlador sin la necesidad de una terapia matrimonial. No obstante, están disponibles nuevas fuentes de referencia matrimonial, fieles a las enseñanzas de Cristo, en las páginas webs de Catholic Therapist y Catholic Psychotherapy.

La intercesión de Nuestra Señora en Caná llevó al primer milagro del Señor de llevar más alegría a un joven matrimonio. Animamos a las parejas católicas a luchar contra los conflictos de control y egoísmo dirigiéndose a ella para otro milagro en sus matrimonios.

http://es.catholic.net/

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lunes 14 de diciembre de 2009

Muchas parejas permanecerían unidas si acudieran al especialista nada más aparecer los primeros síntomas de una disfunción sexual

Mariano Rosselló Barbarà: “Muchas parejas permanecerían unidas si acudieran al especialista nada más aparecer los primeros síntomas de una disfunción sexual”

Pionero en el diagnóstico y tratamiento de patologías como la impotencia, Mariano Rosselló Barbará dirige el Centro de Urología, Andrología y Sexología de Palma
Angeles Fournier

El doctor Mariano Rosselló Barbará dirige el Centro de Urología, Andrología y Sexología de Palma, y también dispone de consulta en el Hospital Madrid Norte de Sanchinarro. Rosselló Barbará es urólogo y andrólogo, además de pionero en el diagnóstico y tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas y femeninas.

P.- ¿Los problemas de erección se resuelven?

R.- Represento la cuarta generación de una familia de médicos. Todavía recuerdo cuando en los primeros años, después de terminar la especialidad, a los pacientes que acudían a la consulta con problemas de impotencia sexual había que recetarles paciencia y que escucharan música clásica. Afortunadamente, hoy la ciencia ha avanzado y podemos resolver los problemas de erección en un 99 por ciento de los casos.

P.- ¿Por qué tarda tanto el hombre en acudir a la consulta de disfunciones sexuales y a causa de qué razón le cuesta hablar de los problemas del pene?

R.- Porque, obviamente, no trata a sus órganos genitales como si fueran cualquier otra parte del cuerpo. Los problemas de erección todavía se relacionan con la virilidad y tardan en reconocerse. Habitualmente, es la pareja la quien se da cuenta enseguida de que los fallos no son aislados y, a menudo, le anima a consultar. El problema es que el hombre, frecuentemente, no hace caso, niega el problema, lo minimiza, y llega a la consulta cuando las desavenencias entre los dos miembros de la pareja ya son notables.

P. -¿Cuándo debe una pareja plantearse acudir a la consulta y considerar que la disfunción sexual, el ‘gatillazo’, la falta de deseo, es una patología que debe tratarse?

R.- Si el hombre falla en un cuarenta por ciento de los casos, sin ninguna razón concreta y por un periodo superior a los dos meses, entonces debe acudir al especialista. Si tiene pareja estable y comprende el problema, es mejor que acudan los dos. De esta forma, se concienciarán juntos de que este es un problema de ambos en el que deben ayudarse mutuamente. En nuestro centro contamos con un equipo multidisciplinar de primer nivel, formado por urólogos, andrólogos y psicólogos, así como un grupo humano verdaderamente excepcional que se ocupa de las labores de atención al paciente y enfermería. Nuestro objetivo es ofrecer un trato personalizado y una atención médica de primer nivel que asegure diagnóstico correcto en el menor tiempo posible.

P.- El factor ‘rapidez’, ¿es importante a la hora de efectuar un diagnóstico en este tipo de patologías?

R.- Sí, mucho. Tenga en cuenta que no solo el paciente sufre las consecuencias de la impotencia sexual, sino también su pareja. Empiezan las discusiones, se culpabilizan el uno al otro, cambian los horarios para no coincidir, y aumenta el nivel de tensión y hostilidad. La disfunción sexual, tanto en el hombre como en la mujer, no se afronta como una enfermedad más, y esto es lo que crea un conflicto: primero con uno mismo, pues tendemos a negar que existe un problema, y después con la pareja. En alguna ocasión, hemos constatado que, al mismo tiempo que los miembros de una pareja acuden a la consulta médica, resulta que han ido también al abogado. La tensión y sobre todo la incomprensión llegan a tal punto que muchas parejas necesitan una terapia que les ayude a superar el bache. Nuestro consejo es que acudan a nuestra Unidad de Psicología, que se halla a cargo de la psicóloga Susana Cañellas. Esta profesional trabaja con nosotros desde los inicios del centro y es experta también en conflictos de pareja relacionados con la sexualidad.

P. - ¿Cómo puede prevenirse la impotencia sexual?

R.- Ahora contamos con fármacos nuevos que permiten evitar ciertos casos de impotencia sexual y también tratarlos, como la insuficiencia arterial, la fuga venosa, la fibrosis de los cuerpos cavernosos… Sin embargo, es fundamental, adoptar unos hábitos de vida sana, evitando el sobrepeso y el exceso de alcohol y, por supuesto, el tabaco. Las revisiones de los niveles hormonales son necesarias a partir de cierta edad, dado que permiten tratar los factores de riesgo inherentes a ciertas patologías, como la hiperglucemia, el colesterol, la hipertensión o el stress. También son necesarios los aportes vitamínicos, mientras que las revisiones periódicas de la próstata, a partir de los cincuenta años, resultan obligadas. Si cumplimos con estas recomendaciones, y además nos esforzamos en cultivar la imaginación en las relaciones de pareja, reducimos enormemente las posibilidades de desarrollar una disfunción sexual.

P. -Y en el caso de que las pastillas no surjan efecto, ¿qué otras alternativas existen?

R.- Cuando los fármacos no funcionan, existe la cirugía de implante de prótesis de pene, que resuelve el problema para siempre. En nuestras dependencias practicamos este tipo de cirugía desde los años 80, y hoy podemos decir que somos el centro privado de referencia en Europa en cuanto a cirugía del pene se refiere. Somos expertos en casos difíciles y nuestros colegas nos remiten aquellos pacientes cuyo caso presenta una mayor complejidad

La Unidad de la Mujer ofrece alternativas a la incontinencia urinaria

En el Centro de Urología, la mujer es importante. Aunque este equipamiento sanitario es pionero en el tratamiento de la impotencia sexual, cabe recordar que ofrece también los más modernos métodos de diagnóstico en el tratamiento de las patologías urológicas del hombre y la mujer. Una de ellas es la incontinencia urinaria, un problema que afecta a millones de mujeres. Hoy en día existen soluciones farmacológicas y quirúrgicas para paliar esta situación. Bajo la dirección del doctor Mariano Rosselló Barbará, componen esta Unidad el doctor Mauro Valentini, urólogo especializado en incontinencia; la psicóloga y sexoterapéuta Susana Cañellas; y la doctora M..Paz Pacheco, licenciada en Medicina y Cirugía y Responsable del programa ‘En Forma’. Las pruebas diagnósticas que los profesionales de la Unidad deben llevar a cabo a las usuarias no resultan, por otra parte, dolorosas. La incontinencia está relacionada, a menudo, con disfunciones sexuales, y también el sobrepeso es, en ocasiones, la causa de que se produzcan pérdidas de orina. Mediante la actuación de este equipo multidisciplinar, el Centro de Urología, Andrología y Sexología está en condiciones de ofrecer un tratamiento integral a las mujeres que sufren de alguno de estos problemas, que hoy, afortunadamente, tienen solución.


http://www.salut.org/


 

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martes 13 de octubre de 2009

Amor a prueba de hijos

La relación de pareja cambia con la ampliación de la familia, pero no tiene por qué deteriorarse: Amor a prueba de hijos

La felicidad y la plenitud que llega con un hijo son únicas. Pero la exigencia de afecto, de dedicación y de tiempo que precisa deja en no pocos casos a la relación de pareja en un segundo o tercer plano. No hay que alarmarse. Esta es una reacción normal que no tiene por qué ser permanente. Conviene interiorizar que nuestra vida, y en ella se incluye la de pareja, cambia con alguien más en la familia. No obstante, la transformación no significa, o no debería significar, deterioro. Ser padres puede ser en la mayoría de los casos el punto culminante de una relación, pero ni mucho menos tiene que ser vivido como si ya no existieran más motivaciones y que a partir de ahí la relación entre los cónyuges entra en la fase de decadencia. La pareja debe encontrar la forma de adaptarse a este cambio de etapa vital que, aunque positivo e ilusionante, conlleva unas responsabilidades que pueden dejar de lado el cuidado y el mimo de la relación conyugal.

Con la llegada del primer hijo (y los sucesivos), la relación de pareja puede quedar en segundo término durante un tiempo por el protagonismo que acapara el recién llegado. Las parejas deben ser concientes de que eso forma parte de la adaptación a un nuevo episodio de su vida. Pero hay que tener en cuenta que la adaptación al rol de padres debe tener un periodo limitado, y que es bueno que no se demore demasiado atender y cuidar la relación de pareja otra vez. Si se deja pasar demasiado tiempo, el distanciamiento emocional entre los cónyuges podría dificultar su recuperación. Por tanto, es importante retomar lo antes posible la relación para que la llegada de los hijos sólo signifique un motivo más de unión entre los dos. Si no fuese así, los miembros de la pareja pueden llegar a convertirse, al cabo de un largo periodo dedicado sólo a los hijos, en dos desconocidos.

Prevenir el distanciamiento emocional

Las personas que ya son padres han experimentado lo absorbente que puede llegar a ser el cuidado de los hijos. Mayor atención no debería implicar, sin embargo, descuidar al cónyuge y dejar caer la relación en una vía muerta. Dedicar pasión y empeño a los hijos no es incompatible con mantener un vínculo sólido, aunque es innegable que resulta más difícil porque el esfuerzo tiene que distribuirse.

Las nuevas responsabilidades multiplican las tareas diarias, pero conviene no dejarse arrollar por la dictadura de lo práctico, que puede reducir la comunicación de pareja a cuestiones relacionadas con los horarios, tareas, compras, guarderías, ropa... Si eso ocurriera, sólo es cuestión de tiempo para que se abra paso el distanciamiento y la unión se mantenga con un único propósito: el de ser padres. En este caso estaríamos frente a una relación frágil, de ahí la importancia de fomentar los lazos emocionales entre los dos para que el vínculo sea firme y pleno.

Compartir el protagonismo ante los hijos representa otro eslabón para reforzar la cadena afectiva entre la pareja. Permitirá distribuir el sentimiento de paternidad sin desequilibrios y evitará una relación individualista con los hijos, motivo de distanciamiento emocional entre la pareja.

También es importante prevenir el cansancio que surge con el cuidado de los recién llegados, que se traduce en menos energía para dedicarse a la relación. Hay que fomentar que uno pueda contar con el otro para sentirse respaldado, como si de un trabajo en equipo se tratara. De este modo, se reducirán las posibilidades de que uno de los dos se acabe agotando.

Convendría olvidar la idea de que para ser padres hay que renunciar a ser pareja. Si se conserva el vínculo emocional, el beneficio no es sólo para la pareja, sino también para el bienestar de los hijos. Los niños y niñas son muy sensibles a su entorno y, por tanto, pueden percibir de forma muy positiva el que sus padres mantengan una relación de pareja sólida, sintiendo que la unidad familiar es estable y segura.

Mantenerse unidos

El trabajo y responsabilidades que comporta ser padres son realidades ineludibles, pero hay que evitar sobrecargarse y es recomendable apoyarse en la pareja para que todo sea más llevadero. Como se trata de un trabajo en equipo, hay que implicarse en actividades placenteras con los hijos para sentirse unidos, aunque en ocasiones es muy conveniente que cada miembro de la pareja conserve sus pasatiempos favoritos para que sirvan de desconexión temporal. Si es posible, no se recomienda renunciar a los ratos de ocio, tanto en pareja como en solitario, para mantener el bienestar personal y la salud de la relación de pareja, que a su vez tendrá efectos positivos para los hijos.

Siempre que sea posible hay que reservar un espacio semanal para la pareja. Eso no debe hacer sentir mal a los padres, como si estuvieran descuidando a sus hijos, ya que forma parte del bienestar general de la familia el que los padres tengan un día "libre" que, además, sirva para no perder intensidad en la relación entre ambos. Una vía puede ser establecer un día a la semana que la pareja identifique como su día, y lo hagan suyo para el bienestar de ambos. Mantener las actividades que antes servían para conservar unos lazos firmes ayuda a disminuir la sensación de que para ser padre hay que renunciar a los privilegios de la relación de pareja, lo que podría mermar el estado de ánimo de ambos. Durante este espacio de tiempo es importante fomentar una comunicación íntima y personal que sirva para alimentar y mantener el vínculo emocional, tan necesario para la relación como para su desempeño como padres unidos por lazos fuertes. Siempre que sea posible no está de más concederse un fin de semana o unas mini vacaciones exclusivas.

Del mismo modo es importante preservar un espacio personal para cada miembro de la pareja que, además, servirá para que el cónyuge goce por unas horas de ser padre o madre en solitario, lo que puede reforzar los lazos individuales con los hijos y la satisfacción por desempeñar ese rol tan importante.

No es bueno tampoco suspender el contacto con las amistades comunes y con las de cada uno, ya que mantener en la medida en que se pueda una vida social plena ayuda a que la tarea de ser padres sea más llevadera y previene el aislamiento a causa del constante trabajo que comporta la llegada de un pequeño, un distanciamiento que, lejos de ayudar, limita el bienestar de la familia.

Para estimular que la pareja se mantenga motivada es importante que cada uno sorprenda de vez en cuando con un detalle inesperado al otro, ya que con ello se dan muestras de que sigue siendo importante y el efecto sorpresa hace las funciones renovación del vínculo que les une para no caer en una monotonía que pueda erosionar la relación.

A pesar de la presencia de los hijos, la pareja no debe renunciar a comportarse como tal. Los roles de padres y de pareja no tienen por qué ser incompatibles. Por tanto, las muestras de afecto deben ser lo más frecuentes posibles para el bien de la relación, pero también para que sirva de ejemplo para los pequeños, que a su manera también gozan de sentir que sus padres forman una unidad sólida, aportándoles seguridad. Incluso, de esta manera, fomentan el aprendizaje para que ellos mismos repitan el mismo modelo cuando les toque a ellos ser pareja y padres.

Recordar...
  • Compartir la responsabilidad de cuidar a los hijos
  • Prevenir el cansancio de la pareja con el cuidado de los recién llegados
  • No renunciar a los momentos de ocio, tanto de manera individual como en pareja
  • Conservar un espacio personal para cada miembro de la pareja que, además, servirá para que el otro cónyuge disfrute por unas horas de ser padre o madre en solitario
  • Mantener la motivación en la pareja y las muestras de afecto



    http://revista.consumer.es

 

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miércoles 23 de septiembre de 2009

¿Hay futuro después de la infidelidad?

Mendoza
El 72.53% de nuestros lectores dejaría a su pareja si lo descubre con otra persona.

Más del 70% de los participantes de la encuesta semanal de diariouno.com.ar confesó que dejaría en el acto a su pareja si la encontrara con otra persona. La reacción, absolutamente lógica a primera vista, no es la más saludable si lo que se pretende es apostar por el proyecto de pareja.

Le consultamos a nuestros lectores cómo reaccionarían si descubrieran a su pareja con otra persona. El 72,53% aseguró: “La dejo en el acto”. En tanto, 14,47% dice que prefiere discutir el tema para salvar la relación, y en el último lugar se ubicó, con el 13%, recurrir a la agresión física.

“Para mí, la única que me parece válida, desde el lugar de seres humanos civilizados, es la segunda opción. Hay que aceptar y asumir que una relación es de a dos, y que las fisuras de una pareja obviamente tienen que ver con ambos, sea porque uno las produce y el otro se las aguanta o porque los dos las producen”, explicó la psicóloga y abogada Dina Federman, miembro del grupo Confluencia, un equipo interdisciplinario que se ocupa de asistir a parejas en proceso de reparación o de ruptura definitiva.

Para Federman, además, primero hay que definir el concepto de infidelidad. La especialista prefiere utilizar una noción más amplia que la habitual al definirla como “ser desleal con el propio proyecto. Cada uno de los integrantes de la pareja tiene que sostener la relación por convicción. Pero si ya hay una obligación moral, religiosa o social, eso se invierte en la necesidad absoluta de ser transgredido, porque somos rebeldes por naturaleza. En cambio, si internamente estamos convencidos del proyecto, nos puede pasar lo mismo, pero difícilmente lo llevemos a cabo”.

Ya hilando un poco más fino, para Federman también juega un rol importante el tipo de infidelidad. Si es una pequeña aventura, “puede estar relacionada con un ‘ataque’ de ganas de cambio, pero en la realidad seguimos en la misma relación. Aquí se piensa más en el proyecto propio que en el placer efímero de una relación pasajera. Ya es otra cosa si es una relación permanente, pues hay una disociación y habría que buscar un terapeuta”.

Respecto de la opción que resultó primera en el sondeo (“la dejo en el acto”), Federman estimó que se trata de un “reflejo sociocultural”, porque se juegan el amor propio y el orgullo. “ Hay una herida al narcisismo, por eso lo primero que aparecen son los gritos, las peleas, los reproches. Pero esta actitud tiene que estar seguida de un revincularse, si es que para uno es importante el proyecto de pareja. La pelea es lo más humanamente fácil porque no somos capaces de quedarnos impávidos ante una situación así. Pero una vez pasada esa primera situación, hay que hacer una evaluación y ver para dónde seguir”.

Es posible

Por su tarea cotidiana, la psicóloga confía en que es posible recuperar una relación luego de una infidelidad, pero admite que siempre queda la herida. “Salvando las distancias –afirmó–, es lo mismo que pasa cuando descubrís que tu pareja te sacó dinero para comprar algo con lo que vos no estabas de acuerdo. La desconfianza queda...”. Por último, Federman deja una reflexión seguida de una sugerencia: “El ser humano no es un animal monógamo. Hemos formado la pareja monogámica por diversos intereses, pero al no ser monógamos por naturaleza, lo más posible es que nos pasen estas cosas. Qué dimensión le damos al hecho y cuánto tomamos en cuenta el compromiso con uno mismo es lo que hará la diferencia. Por eso, el consejo es hacer terapia”.

Pocos eligen la agresión

“La agredo físicamente” es la opción menos elegida por los participantes de la encuesta semanal de www.diariouno.com.ar (12,71porciento) cuando respondieron a la pregunta “Si descubrís a tu pareja con otra persona, ¿qué hacés?”.

La opción cobra otra dimensión cuando apenas han pasado 48 horas desde que un gendarme retirado de 52 años disparó contra su pareja de 30 y la matara, luego de seguirla con el auto desde su lugar a trabajo.

“Algunas hipótesis que se barajan es que en medio del recorrido la mujer se habría encontrado con un hombre y su pareja habría observado”, informó en su edición de ayer Diario UNO.

La psicóloga y abogada Dina Federman, miembro del grupo Confluencia, explicó que en los casos en que se recurre a la violencia, “se desata lo atávico, lo primario; somos una de las especies dentro del mundo animal y se nos puede desatar la violencia que todos tenemos. Lo que pasa es que hay personas que son capaces de mediatizar sus acciones por el pensamiento”. Y agregó: “En este caso, el señor sólo sintió e hizo. Dijo: ‘No me voy a privar de este ‘gusto’ aunque implique quitarle la vida a quien es la madre de mi hijo’”.

http://www.diariouno.com.ar/

 

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martes 22 de septiembre de 2009

El nido vacío ayuda a reevaluar la relación de la pareja

By JAVIER PARRA
EFE/REPORTAJES

El tiempo pasa y los hijos crecen. Por ley natural, esos vástagos llega un momento en que deciden remontar el vuelo en solitario y abandonan el hogar. Lo normal es que los padres acepten esta partida, pero algunas parejas sufren un fuerte choque emocional. Quienes así reaccionan pueden padecer el síndrome del nido vacío.

La película El nido vacío, del realizador judío argentino Daniel Burman, se llevó la Concha de Plata del pasado Festival de San Sebastián (norte de España), gracias a la interpretación de su protagonista masculino, Oscar Martínez. También recibió el premio a la mejor fotografía gracias al trabajo realizado por el cámara Hugo Colace.

Quienes más suelen sufrir este síndrome son aquellas madres o padres que han hecho de la vida de sus hijos el eje de su existencia, descuidando otras parcelas de la autonomía personal y sin percatarse de que esa dedicación tiene una fecha de caducidad.

Según la terapeuta familiar y psiquiatra Ana María Medina, este síndrome hace referencia ``a los sentimientos depresivos de vacío, tristeza, inutilidad, falta de sentido de la vida, con grados variables de angustia, que experimentan algunas personas, en relación con la partida del último hijo del hogar, como parte del proceso normal de independencia y autonomía''.

Y si bien la partida de los hijos coincide con la llegada del climaterio de la mujer, la especialista considera que esta situación ``no precipita ni predispone necesariamente'' a vivir de forma depresiva el abandono del hogar de los descendientes.

Los expertos en este déficit emocional aplican a los afectados que acuden a sus consultas de terapia un protocolo que incluye dos pasos fundamentales para superar el problema: hacer el duelo (admitir con todas las consecuencias que los hijos han cortado definitivamente el cordón umbilical) y recuperar las aficiones perdidas por la falta de tiempo implicada en la atención a los vástagos.

El síndrome del nido vacío ha ido creciendo desde el punto de vista epidemiológico a medida que el nivel de vida de las sociedades industriales ha aumentado.

El descenso de la natalidad en este tipo de sociedades ha ido parejo al incremento de este problema, debido a que las familias han perdido su identidad ancestral y hoy abundan los hogares monoparentales o de no más de tres o cuatro miembros.

Por otra parte, en el ámbito anglosajón es habitual que muchos de los hijos abandonen el hogar paterno una vez que han cumplido la mayoría de edad, una costumbre que se contrapone con las costumbres de los países latinos o menos desarrollados, donde los ancianos tienen una gran respetabilidad y sus descendientes se comprometen de facto a cuidarlos hasta el final de sus días, por lo que el síndrome del nido vacío tiene una incidencia menor.

Asimismo, la crisis económica actual ha provocado situaciones regresivas previsibles. Muchos hijos que se independizaron tras conseguir un trabajo y un salario que les permitía acceder a una vivienda y a un nivel de vida digno, ahora se han visto obligados a volver al hogar paterno, en ocasiones acompañados de su pareja y los vástagos habidos en esa unión.

También es común el caso de descendientes que pierden la casa al divorciarse y vuelven al hogar paterno por no disponer de otro techo bajo el que cobijarse.

Otra consecuencia de la crisis son los hijos que alargan indefinidamente la estancia en el nido familiar debido a que las condiciones económicas no les permiten remontar el vuelo para lograr la independencia.

No obstante, los expertos advierten de que la falta de distancia física entre padres e hijos ``retornados'' no impide una distancia psíquica que a veces degenera en graves conflictos de convivencia.

Al haber cambiado los roles de los miembros de la unidad familiar, con la nueva situación queda por definir quién debe ostentar la autoridad del hogar y tomar las decisiones más difíciles.

Cuando la situación de independencia se ha hecho irreversible, ésta suele coincidir con el fin de la vida laboral de los progenitores por lo que se presenta una excelente oportunidad para viajar a aquellos lugares con los que soñaron, de acuerdo con las recomendaciones de los terapeutas y siempre que las condiciones financieras lo permitan.

Algunos padres previsores y exentos del síndrome cambian de residencia, una vez que los hijos se han independizado y ellos han concluido su vida laboral.

De esta manera resulta más difícil a los vástagos dependientes plantear el retorno y los padres evitan la quiebra de la tranquilidad que siempre desearon a la hora de la jubilación.

El Síndrome se puede ahuyentar también con un aprendizaje de la diferenciación entre el yo paterno y el tú filial y una asunción de una autonomía, tanto personal como de los vástagos ausentes, en su relación con los progenitores.

Por último, la marcha de los hijos obliga a reevaluar la relación de pareja y a recuperar sentimientos olvidados.

Gerardo Castillo, profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra (norte de España), define las claves del éxito en el amor conyugal en su libro La camisa del casado feliz. El secreto de los matrimonios que funcionan.

``Hay que recomenzar siempre, reestrenar el amor cada mañana, evitar `acostumbrarse' a vivir con el otro cayendo en la rutina. El verdadero amor sabe inventar, sabe renovarse con creatividad'', dice Castillo en sus conclusiones. •


http://www.elnuevoherald.com/

 

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lunes 21 de septiembre de 2009

Renueva tu relación de pareja


Aceptar las diferencias y no hacer responsable al otro de la infelicidad son algunos secretos para mantener el amor sano y estable.

Las razones más frecuentes por las cuales las parejas discuten suelen estar relacionadas con el dinero, los hijos, la sexualidad y el reparto de las tareas domésticas. En muchos conflictos pesa la dependencia emocional de un miembro hacia el otro o una lucha por ejercer dominio y controlar la relación.

Ante una discusión de pareja, un error común es adoptar estas actitudes: huir de la situación, paralizarse y esperar a que pase la amenaza o bien reaccionar atacando al otro con la intención de lastimarlo emocionalmente.

Ambas reacciones son dañinas para una buena convivencia y crecimiento de la relación, ya que causan resentimientos cada vez más profundos, que acarrean serios problemas que llevan a la ruptura o provocan peleas constantes y cada vez más agresivas.

Vitaminas para la felicidad

Para evitar caer en el círculo vicioso de las discusiones interminables, es conveniente que lleves una serie de hábitos que fortalecen la vida en común, algo como auténticas “vitaminas" para la felicidad compartida:

1. Busca la solución. Los problemas pasados que nunca se resolverán, tarde o temprano salen a la luz. Es un autoengaño pensar que van a desaparecer o solucionarse por sí solos. Por el contrario regresan cada vez con mayor fuerza. No lo dejes para mañana e intenta resolver hoy las diferencias con tu pareja.

2. Acudan a terapia de pareja. Si te sientes incapaz de solucionar el conflicto y los problemas ya te sobrepasan, es conveniente consultar a un experto y si es necesario, también tomar terapia individual, para obtener otras perspectivas y nuevas herramientas que ayuden a resolver la crisis.

3. Haz todo lo posible para arreglar el conflicto. En lugar de culpar a tu pareja del deterioro de la relación, intenta hacer todo lo que esté en tus manos para sacarla a flote. Si finalmente y a pesar de todos los intentos llega la separación, evitarás sentirte culpable por no haber hecho lo suficiente y estarás más liberada de cualquier tipo de error.

4. Cultiva tu propio bienestar. Recuerda que la vida en común es responsabilidad de ambos, pero la felicidad de sus integrantes es asunto de cada quien.

5. Arregla tu vida, en vez de la ajena. Es un error muy habitual y contraproducente intentar solucionar la vida de la otra persona, dándole consejos y pautas de comportamiento. Esta actitud paternalista suele encubrir la incapacidad o resistencia para enfrentar la propia vida.

6. Escucha y dialoga. Para prestarle atención a tu pareja deja todo y centra tu interés en la conversación. Recuerda que nadie es dueño de la verdad, la opinión de cada persona y su forma de entender la vida es siempre distinta, pero los puntos de vista diferentes son igualmente válidos.

7. Comparte tu vida e ilusiones. Diversión, aficiones, fantasías, proyectos, buenos y malos momentos, una de las palabras mágicas para que la relación funcione y prospere es compartir. Entrégate a tu pareja, averigua cómo se siente, que desea, que le hace sentir bien y mal. “La felicidad compartida es doble felicidad y el dolor compartido es la mitad del dolor”, reza un viejo proverbio.

8. Aprende de tus errores. Aprovecha las crisis y los conflictos para aprender más de tu pareja, en lugar de verlos como fracasos. En general, la vida puede considerarse como un continuo aprendizaje, donde cada caída es una lección.

18 de septiembre de 2009 (Agencias)

http://www.derf.com.ar/

 

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